Misión Naval Venezolana en España

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IMPORTANCIA DEL DERECHO DENTRO DE LAS SOCIEDADES

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Por: CC. Jesús V. Soto Monsalve

           La vida social desarrollada por los hombres es el elemento primario, aunque no el único, del derecho. Por ello, todo lo que acontece en la sociedad se halla enmarcado en lo jurídico. Nada le es ajeno. El derecho, en cuanto el hombre es un ser estructuralmente coexistencial, responde a una ineludible exigencia de su naturaleza. No es concebible la convivencia sin normas que la regulen.

 


 

 

   

Oficial egresado de la Escuela Naval de Venezuela en el año 1991, con la promoción “CN Sebastián Boguier” y diplomado como Licenciado en Ciencias Navales. Cursó estudios de Derecho en la Universidad Santa Maria – Corte Marcial, de donde egresó con el título correspondiente. Ha ocupado los diferentes cargos inherentes a su especialidad, siendo su último desempeño como Jefe de la División de Control, en la Dirección de Contratos de la Armada. Actualmente se desempeña como Asesor Legal de la Misión Naval Venezolana en España (MNVE).

 

 

 

          Por ello se infiere que para una mejor y más fina percepción de la evolución del derecho, es aconsejable asomarse a la historia de la humanidad. La visión del mundo, de las costumbres, las tendencias y hasta las aspiraciones propias de cada época cristalizan, de alguna manera y medida, en la dimensión normativa del derecho. Esto hace que sea posible el que, a través de la aprehensión de los jurídico, se acceda a la cultura de una determinada comunidad.

          El derecho "ayuda a conocer y a comprender mejor al pueblo cuyo derecho se estudia" (1). No es, por ende, un ejercicio exótico o inútil remitirse a la historia, aunque fuese de manera somera y esquemática, para una mejor comprensión de las concepciones jurídicas vigentes en cierto momento del acontecer humano.

          Por ello para conocer e internalizar su importancia dentro de las sociedades modernas es obligatorio acotar que desde los tiempos primitivos el hombre se interesó por dominar y transformar la naturaleza para ponerla a su servicio y valerse de ella para subsistir y mejorar, progresivamente, la calidad de su vida. Su afán cognoscitivo se centró preferentemente en las cosas que lo rodeaban, que se hallaban instaladas en el mundo exterior.

          El ser humano se preocupó, casi exclusivamente, por la aprehensión epistemológica del ser que late y subyace en todas y cada una de las cosas del mundo. La filosofía era, por ende, metafísica. Sin embargo, sus esfuerzos no fueron recompensados pese a la tenaz inquisición, desplegada por siglos, por cuanto ella no llegó a ofrecerle respuestas convincentes, que merecieran general aceptación.

          La constante preocupación por las cosas emerge como tema preponderante en la historia de la humanidad y del consiguiente pensamiento filosófico-jurídico. Ellas no han sido ni son para el hombre sólo medios de subsistencia, sino que su posesión, en cantidades significativas, satisface también la sensualidad de poder que se manifiesta en su naturaleza. Tal actitud generó una concepción filosófica y jurídica definidamente individualista, y una predominante mentalidad patrimonialista. Es decir, una posición en la cual no se apreciaba debidamente el interés y el derecho de los demás ni se consideraba a la solidaridad como un valor jurídico por excelencia. Los ordenamientos jurídicos positivos, al traducir normativamente esta visión del mundo, privilegiaban la tutela de la propiedad. El Código Civil de los frances de 1804 es, quizá, su más clara muestra.

          El individualismo no es la principal y digna virtud de la naturaleza humana en cuanto muestra al hombre como un ente aislado, desconectado de la sociedad, incomunicado. La filosofía de la existencia, al revalorizar al ser humano, redimensiona el planteamiento individualista que, por desconocer su naturaleza coexistencial es notoriamente insuficiente para dar cuenta, completa y cabal, de su estructura. El ser humano requiere de los demás para realizarse como tal. De ahí que pueda sostenerse que el hombre es social o no es.

          Pero no fue sino hasta la Edad Media, cuando se reformula y difunde la concepción aristotélica sobre el hombre cuando lo define como: "una sustancia indivisa de naturaleza racional".

          Sin embargo el cristianismo aportó una inédita visión del hombre al considerarlo como un ser dotado de libre albedrío. Sin embargo, esta posición o fue generalmente ignorada o indebidamente interpretada a nivel filosófico. Hubo que esperar algunos siglos para superar la parcialmente cierta pero insuficiente concepción en torno al ser humano. Fue recién en la época contemporánea que surge una profunda y terca inquietud para hurgar en la naturaleza humana.

          La filosofía de la existencia, que aparece en el período comprendido entre las dos últimas guerrar mundiales, aporta nuevos y extraordinarios atisbos sobre el ser del hombre.

          La libertad se hace patente en los raros instantes en que el hombre debe adoptar decisiones de extrema importancia para su vida. La aprehensión de su propio ser, que se desvela como libertad, lo sume en la angustia, que es la máxima expresión de la responsabilidad humana. En este sentido, Jaspers afirma que la libertad le ha sido impuesta al hombre como su responsabilidad. No obstante lo expresado, cabe destacar que ya en 1844, en la obra de Sören Kierkegaard titulada "El concepto de la angustia", encontramos un revelador anticipo de lo que la filosofía existencial desarrollaría aproximadamente ochenta años después. El autor sostiene que el hombre es una síntesis de alma y cuerpo.

          El aporte de la filosofía de la existencia sería decisivo para una radical revisión de los supuestos del derecho y para un consiguiente replanteo de la institucionalidad jurídica.

          Sin embargo según visualizo nos encontramos en tiempos de transición de dos épocas y por tal razón existe la urgencia de apelar a las leyes, por lo que se siente la preponderante necesidad de hablar el lenguaje del derecho.

          La transición de época se manifiesta en lo jurídico cuando, en una primera instancia, se revisan sus propios supuestos con la finalidad de adecuarlos a las nuevas realidades.

          En tal sentido, considero que se ha esclarecido que el derecho es siempre exclusiva relación entre sujetos; que los sujetos del derecho son los seres humanos libres, cuya estructura es bidimensional, es decir, que sin dejar de ser individuos son, simultáneamente, sociales; que el derecho es tridimensional, en tanto surge de la interacción dinámica de vida humana, normas y valores; que, por esta última circunstancia, todo lo que está en la vida se halla en el derecho. Expresado en otros términos, que ninguna conducta humana es ajena a una valoración y a una consiguiente normación jurídica y que, por ende, todos los valores que el ser humano vivencia en su vida pertenecen también a la esfera del derecho.

          Como corolario de lo expuesto, se hace indispensable un redimensionamiento del individualismo y del patrimonialismo que han orientado la legislación comparada, para remarcar la importancia capital del valor solidarial en el vivenciamiento del derecho.

          Observando el panorama que en la actualidad nos ofrece la ciencia del derecho, podemos confirmar nuestra apreciación de que el proceso de revisión de la institucionalidad jurídica está en marcha. Es decir, que como no podía ser de otra manera, el derecho se halla en un período de movilidad propia de una etapa de transición hacia una nueva época, la que se vislumbra signada por el humanismo o personalismo jurídico, pese los graves riesgos y amenazas que acechan a la especie humana de no regularse en forma justa, rápida y cauta los aportes científicos y tecnológicos a fin de orientarlos exclusivamente al servicio del hombre.

 

Notas editoriales:

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Última actualización el Miércoles, 19 de Noviembre de 2008 08:50  

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