Misión Naval Venezolana en España

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VALOR DEL ESTUDIO DEL DERECHO ROMANO

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Por: CC. Jesús V. Soto Monsalve

Un análisis de la importancia del Derecho Romano en los diversos Ordenamientos Jurídicos en el mundo y su vinculación con el Derecho Internacional Privado.

 

Oficial egresado de la Escuela Naval de Venezuela en el año 1991, con la promoción “CN Sebastián Boguier” y diplomado como Licenciado en Ciencias Navales. Cursó estudios de Derecho en la Universidad Santa Maria – Corte Marcial, de donde egresó con el título correspondiente. Ha ocupado los diferentes cargos inherentes a su especialidad, siendo su último desempeño como Jefe de la División de Control, en la Dirección de Contratos de la Armada. Actualmente se desempeña como Asesor Legal de la Misión Naval Venezolana en España (MNVE).

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

Hablar de jurisprudencias es revivir la controversia sobre su vinculación o no con casos análogos o de características similares, sin embargo las razones que expongo a continuación más otras que podrían añadirse es suficiente alegato para probar que, a excepción del Derecho inglés, el Derecho romano o civil es entre todos los sistemas jurídicos particulares, la mejor cantera de la que pueden extraerse tales ilustraciones.  

 

En algunas naciones de la moderna Europa continental, como, por ejemplo, en Francia, el actual sistema de Derecho es esencialmente de origen romano, mientras que en otras, como en los diversos Estados de Alemania, el sistema de Derecho vigente, aun cuando no procede del romano, le es muy afín, por haberse asimilado grandes porciones del mismo.

 

Es decir, que en muchas de las naciones de la moderna Europa continental, gran parte de la sustancia del Derecho vigente y gran parte del lenguaje técnico en que se reviste derivan del Derecho romano, siendo ininteligible dicha terminología sin algún conocimiento de este último.

 

A la vez que el orden o articulación que se da al sistema imita el paradigma de ordenación científica que nos sale al paso en las Instituciones de Justiniano. Incluso en nuestro propio país, gran parte de nuestro ordenamiento jurídico para no decir la totalidad, proceden del Derecho romano, bien directamente, bien a través del Derecho compatible.

 

Y no sólo al Derecho positivo de las naciones europeas modernas se ha limitado la influencia del Derecho romano. El lenguaje técnico de este Derecho universal ha teñido, en efecto, profundamente el lenguaje del Derecho internacional o moralidad que dichas naciones pretenden observar. Al tomar, pues, con amplitud, ejemplos del Derecho romano o civil, el expositor de la Jurisprudencia general a la vez que ilustra su objeto propio, da idea de un sistema que es la clave de la moralidad internacional, de la diplomacia y de gran parte del Derecho positivo de las modernas comunidades civilizadas.  

 

Mucho se ha hablado de la filosofía de los autores romanos de Instituciones. En sus escritos hay pocas huellas de familiaridad con la filosofía griega, y lo poco que han tomado de esta fuente es puro desatino: por ejemplo, su definición del ius naturale, en la cual confunden el Derecho con los instintos animales y con todos aquellos apetitos y necesidades de la humanidad que son causas de su establecimiento.

 

El Derecho romano, empero, no debe utilizarse como un almacén de sabiduría legislativa. Los grandes juristas romanos son, en realidad, expositores de un sistema positivo, y ni siquiera Lord Coke[1] mismo es más estrictamente práctico. Su verdadero mérito se encuentra en el dominio absoluto de aquel sistema, en el conocimiento perfecto de sus principios, y en la facilidad y seguridad con que los aplican.

 

En apoyo de mi propia opinión sobre estos grandes escritores, aduciré la autoridad de dos de los más eminentes juristas de la época moderna.

 

El valor permanente del Corpus iuris civilis, dice Falck, no se halla en los decretos de los emperadores, sino en los residuos de literatura jurídica que se nos han conservado en las Pandectas. Ni es tampoco la materia de estos escritos jurídicos, sino el método científico empleado en ellos por sus autores al interpretar las nociones y máximas que manejan, lo que les ha convertido en modelos de todas las épocas siguientes, y eminentemente adecuados para producir y desarrollar aquellas aptitudes mentales que son el requisito de la formación del jurista.

 

Y Savigny[2] dice por su parte: “Anteriormente se ha puesto de manifiesto que en nuestra ciencia todo el éxito descansa en la posesión de los principios rectores, y justamente esta posesión es la que fundamenta la grandeza de los juristas romanos. Los conceptos y proposiciones de su ciencia no les aparecen como creados por ellos, sino como verdaderos seres, cuya existencia y cuya genealogía se les han hecho conocidas por un trato largo e íntimo. De aquí que todo su método reviste una seguridad como no se encuentra fuera de las matemáticas, y que se pueda decir sin exageración que calculan con sus conceptos... Si tienen que emitir juicio sobre un caso jurídico, parten de la intuición viva del mismo, y podemos ver ante nuestros ojos cómo la relación entera surge y se modifica paso a paso. Es como si este caso fuera el punto inicial desde el que habría que inventar la ciencia entera. La teoría y la práctica no son, por eso, para ellos dos cosas realmente distintas; su teoría está perfectamente elaborada hasta hacer posible la más directa aplicación, y su práctica está siempre ennoblecida por la consideración científica. En cada principio ven, a la vez, un caso de aplicación, en cada caso jurídico, a la vez, la regla según la cual es determinado, y su maestría es indisputable en la facilidad con la que pasan de lo general a lo particular y de lo particular a lo general” 

 

Como consecuencia de esta maestría en los principios, de su perfecta correspondencia, y de la claridad del método con el que se hallan ordenados, puede decirse que no hay sistema de Derecho positivo que sea tan fácil de aprehender como un todo. Al mismo fin contribuye también su escaso volumen.

 

Los principios mismos, procedentes muchos de ellos de épocas bárbaras, son, en efecto, poco adecuados a los fines del Derecho, y las conclusiones a que llegan, siendo consecuencias lógicas de sus imperfectos principios, participan necesariamente del mismo defecto.

 

Un mérito incidental de los juristas romanos es su estilo, siempre simple y claro, de ordinario conciso y enérgico. Sus méritos son adecuados a su objeto, y estéticamente de gran elevación.

 

No se trata de ningún modo, de equiparar en importancia el estudio del Derecho romano con el de la lógica aristotélica, pues en el Derecho romano no es necesario, pero bajo el punto de vista que ahora consideramos, se encuentra en la misma relación con el Derecho que la lógica de las escuelas con la filosofía.

No hay por qué extrañarse del número de analogías que existen entre el Derecho romano y muchos de los sistemas continentales, así como entre el Derecho romano y el Derecho inglés; dichos sistemas continentales y también el Derecho inglés se han constituido, en efecto, más o menos ampliamente sobre la pauta del Derecho romano, muy especialmente a través del Derecho canónico. El Derecho inglés, empero, análogamente al Derecho romano es en su mayor parte autóctono, o poco, al menos, se ha apropiado del Derecho romano. Las coincidencias muestran cuán numerosos son los principios y distinciones que tienen en común todos los sistemas jurídicos. La amplia coincidencia entre sistemas jurídicos particulares puede echarse de ver prácticamente comparando las exposiciones de dos sistemas de Derecho cualquiera. La coincidencia es singularmente notable entre el Derecho romano y el Common Law[3] de Inglaterra (Sajón).  

 

Nuestros Contratos están desarrollados (Principios Rectores) y vinculados al Derecho Romano, sin embargo la complejidad y dinamismos que encierra la Industria Naval mundial, exige  el estudio análogo de la diversidad de aspectos jurídicos que no provienen totalmente del Derecho Romano, como es la compleja evolución del Derecho Internacional Privado (Contratos Internacionales).

 

En Roma, las relaciones entre romanos y peregrinos, se regían por el ius gentium, que contemplaba soluciones en materia de hechos de comercio. No obstante, conviene precisar que, a pesar de que el término contrato deviene del latín (contratus, de contraho: contratar, pactar), el concepto actual de dicha figura jurídica difiere de la definición dada en el Derecho Romano.

 

Por ello siguiendo el recorrido histórico de la evolución del Derecho de Obligaciones (Contratos Internacionales) en el ámbito internacional, debemos obligatoriamente considerar los aportes hechos por el Derecho Francés, los aportados por los países bajos y por el Derecho Germano.

 

Es así como partiendo de las doctrinas clásicas europeas se fue encaminando los esfuerzos a la elaboración de una genuina teoría general del Derecho Internacional Privado: en el que se inicia un proceso doctrinario, mediante la afirmación de la existencia de reglas de naturaleza supraestatal, derivadas de los principios fundamentales del Derecho; sin negar la función del Estado en la reglamentación del trafico jurídico interno de cada país.

 

Por ello, es que se convierte en vital el estudio del Derecho Romano y las diversas doctrinas que lo complementan en materia de Derecho Internacional Privado (Contratos Internacionales). El entender toda esa evolución histórica nos va a permitir una mayor comprensión de las soluciones actuales que en materia de Contratos Internacionales están presentes en el derecho Internacional Privado, tanto en sus fuentes internacionales como nacionales.

 

 

 

 

 

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[1] Lord Coke: Sir Edward Coke, abogado, juez y parlamentario preeminente, contribuyó al desarrollo del Derecho constitucional inglés promoviendo la supremacía del common law frente a las prerrogativas reales. En el ámbito del derecho constitucional americano, las aportaciones de Coke son consideradas el precedente de la Judicial Review y del Due Process of Law. De la diversa bibliografía sobre sus aportaciones al derecho inglés y su influencia en el sistema constitucional americano, entre otros.

[2] Savigny: Jurista alemán. Fundador de la escuela histórica alemana, fue profesor en las universidades de Magburgo y de Landshut y el primer catedrático de derecho romano en la Universidad de Berlín. A partir de 1848 se dedicó exclusivamente a realizar trabajos científicos. Entre sus obras destacan Historia del derecho romano en la Edad Media (1815-1831) y Tratado de derecho romano (1840-1849).

[3] Common Law: Derecho desarrollado en Inglaterra en el siglo XI y basado principalmente en la jurisprudencia.

Bibliografía y Referencia:

 

  • Olga Maria Dos Santos P., Contratos Internacionales en el Ordenamiento Jurídico Venezolano, Caracas, vadell    2000.
  • Jose Mejia Altamirano, Contratos Civiles, Caracas, Libra, 2001.
  • Armando Torrent, Manual de Derecho Privado Romano, Zaragoza, Edisofer, 2002.

     

 

Notas editoriales:

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Última actualización el Miércoles, 19 de Noviembre de 2008 08:51